Justicia sanadora, pertenencia y la tierra que nos sostiene

Mirando desde el corazón 

 

La justicia sanadora es la manera en que volvemos a nosotras mismas y unas a otras. Es la práctica de atender las heridas del desplazamiento y del daño sistémico mediante el cuidado colectivo, arraigado en la cultura y en nuestras relaciones. Vive en la milpa, en nuestros cuerpos, en las comidas compartidas y en las formas en que nos acompañamos.

Las palabras se desvanecen mientras ella describe la injusticia de haber sido separada por la fuerza de su tierra ancestral. Como mujer inmigrante desplazada, madre, hija y nieta, anhela mantener una relación con la tierra que la hizo ser quien es. En su mente, regresa a la milpa con toda su familia. Caminan entre los surcos y ella usa sus pies para abrazar la tierra alrededor de las tiernas plantas de maíz, calabaza y frijol. Comparte el inmenso amor de su padre por la tierra, ho’o ñadaní. Mientras trabajan juntas y juntos, desde su hogar al aire libre llega el aroma del epazote que hierve a fuego lento con los frijoles. En su cuerpo guarda la calidez sanadora de su conexión con este lugar.

El otoño pasado, en esta misma sala, nos reunimos para trazar un mapa de nuestra pertenencia: a los lugares, las plantas y las tradiciones de sanación que nos hacen ser quienes somos. La práctica de Cuerpo Territorio tiene sus raíces en los movimientos latinoamericanos por la justicia social y en la cosmovisión indígena de que la tierra y el cuerpo son inseparables. En la Amazonía, comunidades que resistían la extracción petrolera marcaron los lugares del daño en sus mapas corporales y los llevaron a los tribunales para cuestionar el acceso de las empresas a sus territorios. Las participantes crean mapas geográficos en los que el cuerpo se convierte en el paisaje físico de la pertenencia: trazan las geografías emocionales de la lucha y de lo posible, mientras mantienen viva su conexión con la tierra sin fronteras y con las plantas medicinales que sostienen la sanación.

Juntas delineamos la forma de nuestros cuerpos y marcamos con palabras o imágenes los lugares donde viven los recuerdos, las emociones y las sensaciones. A través de este proceso acompañado, creamos una narrativa colectiva de la experiencia vivida en nuestros cuerpos y un mapa del ecosistema que cultivamos juntas.

«Esta soy yo», dice en voz alta mientras da un paso atrás para contemplar el mapa que acaba de dibujar de su propio cuerpo. «La tierra es una sola y vivo en relación directa con ella… aquí y en el lugar donde nací. Los lugares están conectados en mí». Su paisaje es la tierra reseca de su lugar de origen, donde las piedras guardan la memoria y florecen los resistentes nopales*.

En su mapa corporal, los nopales echan raíces en su pecho; los hongos brotan en su garganta después de la primera lluvia; y los frijoles negros danzan en sus ojos. Ella comparte: «Nos sostenemos de las pencas carnosas de los nopales, que guardan agua en sus vientres y prosperan cuando la lluvia y los recursos escasean. Cuando tenía hambre, salía sola a los cerros y me daba un banquete de nopales. Eran mi sustento. Mi cuerpo es nopales».

Recuerda cómo se escapaba al amanecer para seguir a su abuelo, quien iba a recoger aguamiel* del corazón gigante del maguey. Ella aparecía justo cuando él extraía el dulce néctar y le pedía probarlo, y luego otra vez. «Mi abuelo me nombró por el maguey: de espinas afiladas y enorme dulzura. Me enseñó la autenticidad, el respeto y, sobre todo, a mirar desde el corazón, n’sa ñadaní desde el corazón».

Cuando nos reunimos para definir nuestra Misión, Visión y Valores, tachamos la palabra Visión, asociada a la idea de Misión, y nos encontramos, en cambio, Mirando desde el corazón:

Imaginamos comunidades latinas e indígenas inmigrantes viviendo con plena equidad, libertad, dignidad y poder para acceder a la atención de salud y elegir su propio camino de sanación. Construimos juntas un futuro donde los sistemas de opresión ya no nos separen de la tierra, la cultura y los cuidados que afirman nuestra pertenencia. Practicamos el cuidado comunitario, creamos alianzas interculturales y fortalecemos nuestros vínculos con los demás y con la tierra.

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